Cuando Podemos llegó al Congreso hace un año y medio, el resto de partidos ya se estaban preocupando con lo que podría pasar. Sabían que Pablo Iglesias iba a dar guerra, pero en ningún momento se imaginaron que las cosas serían así.

Iglesias ataca y cierra las puertas a las negociaciones

Sus constantes achaques por catalogar a las instituciones españolas y la demostración de su constante desprecio a las diferentes celebraciones nacionales, como el 12 de octubre o la marcha militar, han dejado claro que Iglesias no es como el resto de diputados que se guardan sus opiniones para si mismos. No, él las saca a la luz claramente, dentro y fuera del Parlamento, lo que preocupa mucho al resto de líderes de las principales fuerzas políticas.

Iglesias está aislando el solo a su partido

67 escaños, ese es el poder que tiene la tercera fuerza política dentro del Parlamento, un peso lo bastante fuerte con la que poder cambiar las principales leyes del Estado. De hecho, no hace mucho Podemos logró aprobar la subida del Salario Mínimo Interprofesional, y este, según Mariano Rajoy, subiría a partir de 2017.

No obstante, los constantes ataques de Iglesias está creando una imagen del partido fuera de todo rango de entendimiento. Desde el PSOE consideran que el líder del partido morado lo único que está logrando es aislar a sus militantes con este comportamiento. Lo catalogan de político que no está dispuesto a negociar ni a ceder solo un poco en el terreno de la política. Todo lo que quiere es que se aprueben sus exigencias, sin sentarse a negociar. Quien quiera hablar con él tendrá que estar dispuesto a aceptar sus condiciones. De no ser así, Iglesias no hará caso a lo que el resto de miembros del Congreso tengan que decirle. Siguiendo por este camino, ¿cuál será el futuro del partido político?

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